En general, cuando una pareja contrae casamiento, se piensa que la unión de las dos personas durará hasta que la muerte de alguno de los dos sea quien los separe. Esta manera de entender el matrimonio trae consigo muchos beneficios como son, por ejemplo, la estabilidad familiar, mayor facilidad para enfrentar las dificultades económicas y sociales, el crecimiento de los hijos en un ambiente afectivo y con mayor comprensión.
Claro que también existen algunas dificultades que están presentes en todos los matrimonios, que son parte de la vida y que deben aprenderse a sobrellevar como son, por ejemplo, las dificultades que aparecen con la convivencia. Este tipo de dificultades deberían resolverse mediante la charla y el entendimiento.
Otras dificultades presentan problemas más graves que no pueden resolverse con el dialogo ni la comprensión, como son casos graves de infidelidad, violencia física, maltrato, abandono del hogar, incumplimiento de las obligaciones y responsabilidades familiares, y otras.
Con este tipo de dificultades se pierde la estabilidad de la familia y se dificulta el desarrollo normal de los hijos. Incluso muchas veces se producen enfrentamientos donde los hijos se encuentran en el medio de la situación y son persuadidos por una de las partes para que se pongan en contra de la otra.
La falta de comunicación es una de las principales causas de divorcio. Un matrimonio no es sólido cuando las líneas de comunicación fallan. No tendrás una relación efectiva si alguno de los dos no quiere discutir sus sentimientos, no habla acerca de los inconvenientes mutuos o personales, o se guardan resentimientos y se espera que el compañero descubra cual es el verdadero problema.
Los divorcios en general ocurren porque la gente no discute sus expectativas en detalle antes del matrimonio, y después de casados se sienten menos ganas de trabajar en él para mejorarlo y, en cambio, se prefieren soluciones rápidas en vez de sentarse a resolver los problemas de fondo. Incluso hay gente que determina divorciarse por razones triviales como puede ser el ronquido.
Aquellos que provienen de familias divorciadas tienen mas probabilidades de divorciarse que las personas que provienen de familias felizmente casadas. El divorcio puede parecerte una gran solución si has visto a tus padres pasar por esto.
La gente que se casa en edades entre los 23-27 años tienen más probabilidades de permanecer juntos que aquellos que se casan más jóvenes.
La gente que convive antes del matrimonio tiene mayores probabilidades de divorciarse que aquellos que no conviven antes del matrimonio.
En muchos casos, alguno de los problemas que causan el divorcio existieron en la relación de pareja mucho antes de que se casaran. Los problemas no se tuvieron en cuenta o fueron ignorados esperando que el matrimonio milagrosamente los solucionara.
Dentro de los procesos de divorcio llevados a cabo a través de litigios judiciales, uno de los factores más difíciles y tardados es la elección de cuál de los dos cónyuges se quedará con la casa que compartieron durante su matrimonio. Sin embargo antes de tomar cualquier decisión al respecto toma en cuenta lo siguiente:
Si te quedas con la casa…
a) Tienes que estar seguro de que quedarte con ella tiene sentido para ti, no desde el punto de vista sentimental, sino financiero.
b) Si la casa está hipotecada, no pienses solamente en eso, sino también en las reparaciones, el mantenimiento, los impuestos a la propiedad, el agua, la electricidad y otros servicios así como gastos que tendrás que asumir.
c) Para poder quedarte con la casa en su totalidad, tendrás que pagarle a tu cónyuge el valor de su parte, lo cual se calcula determinando el valor de la casa menos las hipotecas que aún se adeudan, si es el caso. Posiblemente puedas “canjear” bienes. Es decir, tendrías que renunciar a tu mitad de algunos bienes que poseas en conjunto con tu cónyuge para pagarle la mitad de la casa.
Considera que al quedarte con la casa podrías lograr una gran estabilidad en un momento de inestabilidad en tu vida. Posiblemente desees quedarte con ella hasta superar el momento del divorcio y después decidir qué es lo que más te conviene hacer. Por otra parte piensa en que vender la casa podría liberarlos a ambos y además te beneficiaría para empezar una nueva vida.
Piénsalo bien y toma la decisión que más te beneficie.
En caso de que vendas la casa…
Como dijimos, normalmente vender la casa podría mejorar no solo tu situación, sino también la de tu ex pareja. Considera bien por cuánto la puedes vender, réstale los costos que tendrás que hacer para venderla y el monto que se debe de la hipoteca, si fuera el caso. Si piensas venderla para dividir el producto, réstale a ese monto la mitad. Lo que te quede deberá darte una base financiera sólida para poder encontrar una nueva residencia.
Tu ex pareja se queda con la casa…
Si tu ex cónyuge se va a quedar con la casa, asegúrate de hacer una valuación de la propiedad. Igualmente, acostúmbrate a la idea de que ya no será tu casa. Asimismo, toma en cuenta que tu ex pareja puede volver a casarse y llevar a su nueva pareja a esa casa.









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